Por feo que sea el color del marco y por sucios y remendados que estén los cristales (con sus dos maripositas, berretas, in-creíbles, sin expectativas de ningún tipo, pero volando una detrás de la otra)….nahhhhhhhhh.
(Esta imagen no se borrará, lo sé).
“Tantas otras cosas bellas”. En realidad, ni tantas, ni tan bellas, y por pura providencia, ni tan recordadas. Justo hoy, este ventanal. Justo esta mañana de otoño en la que pre- siento la hecatombe total y en consecuencia la inminente partida. Otra vez, a lo totalmente desconocido.
Donde todo mundo prefirió no buscar, no indagar las razones de este sin razones, en aquel rincón la sombra abrazó el olvido y la mañana se fue, un poquito a la mierda, otro poco al lugar correcto.
-”Eres la respuesta a la pregunta que nunca me hice”-, le dijo entre risas, mientras ella matizaba con caricias tan áspero comentario.
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Se despertó El Poniente largo, el frío aliento del atlántico pulverizó la nube del frente. Ahora las dos mariposas revolotean sobre las costas del Marraquech, ya no me parecen tan in-creíbles. Verano, otoño, verano y otoño otra vez. Las maripositas de mi cabeza andan un poco confundidas.
Qué gran mariconada. En eso voy a camino a convertirme: en un terrible putarraco.
Y aquí me tenéis, con mis palabras que pretenden valer por flores.
Una mariposa, pegada al vidrio, in-creíble/tengo alitas.
”Flor de mariposa”
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Una carta perdida en aquel rincón/un dolor sin remitente.
A la postre el sol de los encontró con french café y mates amargos. Un Mayo Francés/ eterna mañanita/
La fiesta duró, lo que tarda en llegar un otoño:
Verano, otoño, verano, y Otoño otra vez.
En su lugar, un triste monigote confeccionado a puro retorcijones, pero con mucho amor.
La música del día después, la triste melodía de los muebles reagrupándose.
En aquel lugar.
La magia de las caricias vueltas palabras, el difícil arte de no desaparecer.
Pero se fue, un poquito a la mierda otro poco al lugar correcto.
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Los zapatitos me aprietan las medias me dan calor…
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“Que tal Lisandro, me alegro que me recuerdes, con la de gente que entrara por tu cueva, pero siempre he creído que los locos se reconocen entre sí, se olisquean para ver si son de la misma manada.
Eso pasa en Tarifa, desde hace apenas unos 5 años (antes todos éramos locos, ahora no), tenemos que afinar el olfato y hacer todo lo posible para que Tarifa no cambie, la Tarifa de la que escuchaste hablar, la que te trajo, no cambie.
Me parece acertado que en tu texto la locura sea el eje, porque así es en Tarifa, en sentido literal y metafórico. La locura no entendida como desorden o desmadre, sino como gente que vive en otro plano de la realidad, tanto real, como ese que pasa por tu cueva. Como elegida, por todos los que no estamos dispuestos a seguir las reglas, ninguna regla, creemos en pactos, momentáneos, sobre la marcha, entre las personas, de forma intuitiva, algo parecido al “fluir”.
Ahora en Tarifa hay dos realidades muy distintas, la de verdad y la otra, la que da igual si estas en Tarifa, o en el sitio más superficialmente turístico del mundo. Ellos no se enteran de nada, ellos pasan por Tarifa pero Tarifa no pasa por ellos. Casi nunca verás a unos y a otros en los mismos sitios, ni viviendo, ni cenando, ni navegando ¿la clave? Pregunta por el Levante…
El Levante es la clave de todo: los que lo adoran son unos, los que lo odian otros. Nada sería como es en Tarifa si no fuera por el viento, el fuerte, el que tiene dos cojones. El otro, el suave, sin carácter, lo tienes en cualquier playa del mundo.
Levante y Locura, van unidos, los problemas que da un viento tan fuerte y continuo, las condiciones y efectos que provocan, han hecho a Tarifa lo que es. Y no me refiero al windsurf o al kite, sino a que allí solo había locos. Solo un loco quiere estar allí. Los raros, los outsiders, los que lo abandonan todo, los que queman todo y se van…a un sitio donde nadie les buscaría, hasta ahora”.
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No recuerdo en que tribu de indígenas de algún lugar del mundo, que están aislados, no admiten forasteros. Si se acercan los matan, con una excepción: que presenten respeto, interés, que demuestren pagando un precio, que de verdad quieren conocerles. ¿Y cómo lo hacen?, pues esta tribu vive en la base de una enorme montaña, en medio de un desierto, que les protege del fuerte viento y del insoportable sol.
Si pones tu tienda de campaña suficientemente lejos de ellos, para no ser una amenaza y esperas allí: días, semanas. Ellos te están observando, no saben cuánto aguantaras o si morirás allí. Es una prueba dura, quizás consideren que eres alguien que merece la pena conocer, que has demostrado que aceptas sus reglas, las de ellos y no las tuyas, que dejas atrás lo que tú crees que está bien o mal, solo entonces un emisario te recoge y te lleva con ellos.
El Levante era nuestro filtro. Quien no solo era capaz de soportarlo, sino que terminaba amándolo, se quedaba allí… y ¿quién soporta vivir con vientos constantes de casi 100 km/h?…solo los locos…los que van y los que se volvieran así por él, como tú visitante.
¿Y qué ha pasado? El Levante ha dejado de soplar, sobre todo en verano. La gente dice: “Uy! Si, por allí se está fenomenal, menos algún día”.
Créeme, hasta hace unos años, El Levante era constante: 20 días (día y noche), dos días de descanso y otros 20 días. Sin parar, arrasando toda razón, todo juicio, hasta que ya no podías ni pensar…o empezabas a pensar de otra manera. Ese era el precio, nada comparado a los levantes que habrás visto tu desde que estas allí.
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”Dos peces de hielo”
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La negra.
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Alguien se ha creído que Tarifa es un sitio de vacaciones, de vender pisos a precios de (no de locos, sino de estúpidos). Los que sabemos lo que es el Levante sonreímos, con ironía. Ellos no saben nada, no saben donde están, porque el Levante volverá a soplar, volverá a pedir su precio y volverá a arrasar con la razón. Y se llevara todo lo que su descanso trajo. Los locos como tú visitante volverán a ser los verdaderos reyes de Tarifa. Al que el Levante le permite estar allí, porque demostró su respeto, le regaló su razón y se quedo con su locura; y los que hemos elegido estar locos, volveremos a bajar a la playa de noche, casi sin poder andar, no luchando por caminar contra el viento, sino dejándonos llevar a donde, a la velocidad y por el camino que él quiera. Seguro que nos encontraremos a otro por el camino y le preguntaremos “que tal esta”, y nos dirá que le cuesta dormir, que este Levante le va a volver loco, pero nos miraremos y con una sonrisa cómplice, pensaremos que por eso estamos allí: porque por el camino solo nos encontraremos con otro loco.
Javier Blesa. Arquitecto, Windsurfista y Loco.
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¡Forza Italia!
¿Dónde está lichi?
Flores Mona, siempre flores.
Fin














