Y arrancaste la vida como el último, así de triste. Al rato te diste cuenta de una sola cosa, la única cosa que a un ser humano (así de patético como vos) le podría interesar: Vivir el momento,
Carpe diem!!!!!!!
Y le hiciste caso a tu sed. Fumaste y te emborrachaste, y encontraste gente linda con quien charlar, gente muy linda, a quienes escuchaste sin pronunciar una sola palabra.
Fuiste un tipo feliz. Porque saliste y te quedaste siempre que se te cantó las pelotas.
Está bien, que ahora estas viviendo en una caja y según me contaron, vino los otros días un chabón medio escavio y te agarró, y te dio por culo.
Así que ahora andas con el culo roto.
¡A vos eso no te importa! Solo haces caso a tu corazón, sos un romántico, y te consuelas pensando que viviste a full. Grandísimo idiota.
”¿Quien me quita lo bailado?”, eso me dijiste la última vez que te vi, y yo te respondí que no sabía.
Ahora estás tirado entre toda esa comida y estás todo sucio. Y ves que a lo lejos se acerca como una sombra. Y estas, tan hecho mierda, que pensas:
”Es la muerte, que viene a buscarme”.
¿A vos?, No hay forma de que alguien se moleste por vos.
Y estas tirado ahí, y pensas: “Es la muerte que viene a buscarme”.
”¿Qué hago?”, pensas. “¿Qué le digo? ¿Cómo justifico mi situación?”
Y entonces te acordas lo que me dijiste hace como tres meses:
”¿Quién me quita lo bailado?”
”Nadie, yo viví. ¡Yo fui muy feliz!”.
Y te das cuenta que esa sombra es la forma de una persona, y te queres matar. Entonces estas ahí, y la muerte te mira, con sus ojos de tiburón, negros como oro saudí…y te dice:
”Dame lo que bailaste”.
Y vos pensás: No, qué le pasa. A mí me dijeron…
”Dame lo que bailaste”
No, eso es mío pensas….Y le decís, o tratas de decirle: No, a mi me dijeron otra cosa.
”Lo que bailaste, ya”.
Uy pero que cagada,
Che loca pero yo solo hice eso…
”Bueno, venga: quiero todo lo que bailaste”
¡Dale muerte no seas guacha! Lo que baile no, ¡por fa!
“Lo que bailaste /ahora”

Inés escribió,
octubre 31, 2008 @ 5:03 pm
no importa juglar!! ud. sabe muy bien que el que toca nunca baila.. y bailes o bebasbirraenlabarra, siempre alguien viene a querer encajarte un pagaré…
mmoreno80 escribió,
noviembre 10, 2008 @ 11:45 pm
Che, loco, ponete las pilas. Casi parece que es un gallego quien escribe ;D
PAQUITO escribió,
noviembre 13, 2008 @ 5:07 am
HOY ES MI CUMPLEAÑOS Y ME REENCONTRÉE CON VARIAS COSAS … FUERON HORAS INTENSAS Y QUERÍA COMPARTIR ESTO CON VOS ALITO, ESTO QUE ES ALGO QUE ALGUNA VEZ BAILÉ … ES UN POCO LARGO PERO SIEMPRE ME GUSTÓ Y EN PARTICULAR ME HIZO ACORDAR A VOS Y A MUCHAS DE NUESTRAS CHARLAS. aBRAZO Y PERDÓN LA EXTENSIÓN !!!
Querido y remoto muchacho …
Me pedís consejos, pero no te los puedo dar en una simple carta, ni siquiera con las ideas de mis ensayos, que no corresponden tanto a lo que verdaderamente soy sino a lo que querría ser, si no estuviera encarnado en esta carroña podrida o a punto de podrirse que es mi cuerpo. No te puedo ayudar con esas solas ideas, bamboleantes en el tumulto de mis ficciones como esas boyas ancladas en la costa sacudidas por la furia de la tempestad. Más bien podría ayudarte (y quizá lo he hecho) con esa mezcla de ideas con fantasmas vociferantes o silenciosos que salieron de mi interior en las novelas, que se odian o se aman, se apoyan o se destruyen, apoyándome y destruyéndome a mí mismo.
No rehuyo darte la mano que de tan lejos me pedís. Pero lo que puedo decirte en una carta vale muy poco, a veces menos que lo que podría animarte con una mirada, con un café que tomáramos juntos, con alguna caminata en este laberinto de Buenos Aires.
Te desanimás porque no sé quién te dijo no sé qué. Pero ese amigo o conocido (¡qué palabra más falaz!) está demasiado cerca para juzgarte, se siente inclinado a pensar que porque comés como él es tu igual; o ya que te niega, de alguna manera es superior a vos. Es una tentación comprensible: si uno come con un hombre que escaló el Himalaya, observando con suficiencia como toma el cuchillo, uno incurre en la tentación de considerarse su igual o su superior olvidando (tratando de olvidar) que lo que está en juego para ese juicio es el Himalaya, no la comida.
La verdadera justicia sólo la recibirás de seres excepcionales, dotados de modestia y sensibilidad, de lucidez y generosa comprensión. Cuando aquel resentido de Sainte-Beuve afirmó que jamás ese payaso de Sthendal podría hacer una obra maestra, Balzac dijo lo contrario. Pero es natural, Balzac había escrito la Comedia Humana y ese caballero una novelita cuyo nombre no recuerdo. De Brahms se rieron tipos semejantes a Sainte-Beuve: cómo ese gordo iba a hacer algo importante? Un tal Hugo Wolf sentenció en el estreno de la cuarta sinfonía: «Nunca antes en una obra lo trivial, lo vacuo y engañoso estuvieron más presentes. El arte de componer sin ideas ni inspiración ha encontrado en Brahms su digno representante». Mientras que Schumann, el maravilloso Schumann, el desdichadísimo Schumann, afirmó que había surgido el músico del siglo. Es que para admirar se necesita grandeza, aunque parezca paradójico. Y por eso tan pocas veces el creador es reconocido por sus contemporáneos: lo hace casi siempre la posteridad, o al menos esa especie de posteridad contemporánea que es el extranjero, la gente que está lejos, la que no ve cómo te vestís. Si eso le pasó a Stendhal y Cervantes, ¿cómo podés desanimarte por lo que diga un simple conocido que vive al lado de tu casa? Cuando apareció el primer tomo de Proust (después que Gide tirara los manuscritos al canasto), un cierto Henri Ghéon escribió que ese autor se había «encarnizado en hacer lo que es propiamente lo contrario de una obra de arte, el inventario de sus sensaciones, el censo de sus conocimientos, en un cuadro sucesivo, jamás de conjunto, nunca entero, de la movilidad de los países y las almas» Es decir, ese presuntuoso critica lo que es la esencia del genio proustiano.
¿En qué Banco de la Justicia Universal se pagará a Brahms el dolor que sintió, que inevitablemente hubo de sentir aquella noche en que él mismo tocaba el piano en su primer concierto para piano y orquesta? ¿Cuándo los silbaron y le arrojaron basura? No ya Brahms, detrás de una sola y modesta canción de Discépolo, cuánto dolor hay, cuanta tristeza acumulada, cuánta desolación.
Pero –tan extraña es la condición humana- no sólo los insignificantes y fracasados padecen esos sentimientos bajos ¿No dictaminó Lope que El Quijote era el peor libro que había leído en su vida? ¿No silenciaba Goethe a poetas que eran tan notables como él, mientras elogiaba a otros de tercera categoría, con lo cual ponía por debajo de ellos a espíritus que en el fondo envidiaba?
Pero volvamos a tus dudas. Me basta con leer uno de tus cuentos para saber que un día llegarás a ser importante. Pero, ¿estás dispuesto a sufrir esos horrores? Me decís que estás perdido, vacilante, que no sabes qué hacer, que yo tengo la obligación de decirte una palabra.
¡Una palabra! Tendría que callarme, lo que podrías interpretar como una atroz indiferencia, o tendría que hablarte durante días, o vivir con vos durante años, y a veces hablar y a veces callar o caminar juntos por ahí sin decirnos nada, como cuando muere alguien que queremos mucho y cuando comprendemos que las palabras son irrisorias o torpemente ineficaces. Sólo el arte de los otros artistas te salva en esos momentos, te consuela, te ayuda. Sólo te es útil (¡qué espanto!) el padecimiento de los seres grandes que te han precedido en ese calvario.
Es entonces cuando además del talento o del genio necesitarás de otros atributos espirituales: el coraje para decir tu verdad. La tenacidad para seguir adelante, una curiosa mezcla de fe en lo que tenés que decir y de reiterado descreimiento en tus fuerzas, una combinación de modestia antes los gigantes y de arrogancia ante los imbéciles, una necesidad de afecto y una valentía para estar solo, para rehuir la tentación pero también el peligro de los grupitos, de las galerías de espejos. En esos instantes te ayudará el recuerdo de los que escribieron solos: en un un barco, como Melville; en una selva, como Hemingway; en un pueblito, como Faulkner. Si estás dispuesto a sufrir, a desgarrarte, a soportar la mezquindad y la malevolencia, la incomprensión y la estupidez, el resentimiento y la infinita soledad, entonces sí, querido B., estás preparado para dar tu testimonio. Pero, para colmo, nadie te podrá garantizar lo porvenir, porvenir que en cualquier caso es triste: si fracasás, porque el fracaso es siempre penos y, en el artista, trágico; si triunfás, porque el triunfo es una especie de vulgaridad, una suma de malentendidos, un manoseo; convirtiéndote en esa asquerosidad que se llama un hombre público, y con derecho (¿con derecho?) un chico., como vos mismo eras al comienzo, te podrá escupir. Y también deberás aguantar esa injusticia, agachar el lomo y seguir produciendo tu obra, como quien levanta una estatua en un chiquero. Leé a Pavese: «Haberte vaciado por entero de vos mismo, porque no sólo has descargado lo que sabés de vos sino también lo que sospechás y suponés, así como tus estremecimientos, tus fantasmas, tu vida inconciente. Y haberlo hecho con sostenida fatiga y tensión, con cautela y temblor, con descubrimientos y fracasos. Haberlo hecho de modo que toda la vida se concentrara en este punto, y advertir que es como nada si no lo acoge y da calor un signo humano, una palabra, una presencia. Y morir de frío, hablar en el desierto, estar solo día y noche como un muerto».
Pero sí, oirás de pronto esa palabra –como ahora, donde esté Pavese oye la nuestra-, sentirás la anhelada presencia, el esperado signo de un ser que desde otra isla oye tus gritos, alguien que entenderá tus gestos, que será capaz de descifrar tu clave. Y entonces tendrás fuerzas para seguir adelante, por un momento no sentirás el gruñido de los cerdos. Aunque sea por un fugitivo instante, sentirás la eternidad.
No sé cuándo, en qué momento de desilusión Brahms hizo sonar esas melancólicas trompas que oímos en el primer movimiento de su primera sinfonía. Quizá no tuvo fe en las respuestas, porque tardó trece años (¡trece años!) para volver sobre esa obra. Habría perdido la esperanza, habría sido escupido por alguien, habría oído risas a sus espaldas, habría creído advertir equívocas miradas. Pero aquel llamado de las trompas atravesó los tiempos y de pronto, vos o yo, abatidos por la pesadumbre, las oímos y comprendemos que, por deber hacia aquel desdichado tenemos que responder con algún signo que le indique que lo comprendimos.
Estoy mal, ahora. Mañana, o dentro de un tiempo seguiré.
*Fragmento “Abaddón el exterminador”, Ernesto Sabato
dameloquebailaste escribió,
noviembre 27, 2008 @ 5:54 pm
Nada como ir juntos a la par (en palabras del carpo). No se me ocurre mejor forma de iniciar esta carta.
Hermano, te abrazo con todas mis fuerzas.
Porque, a fuerza de mil veces cantadas son nuestras las canciones, otras tantas dedicadas; y otras veces cuando nos olvidamos de nuestro perfecto auditorio (un mar de margaritas, un pato asesinado por un yuyo, una guerra de cronopios, un abrazo con el gringo y el Luciano, un brindis más con las niñas) y parecemos (digo) somos invencibles,
¿Qué droga la gente linda, no?
Es por eso que la gente se extraña tanto, somos todos frasquitos y Dios efectivamente a muerto y ha reencarnado en un boticario con vicios de mortal y un claro acento francés. Ya te explicare en detalle esta teoría ó mejor aun, preguntale a la Naty Musso, ella tiene el manifiesto y te puede adelantar bastante).
Me cuesta esta vez. Cada palabra es reminiscencia y está repleta de re- aromas (Rrrrrrrrrrr) y no hace falta gritarlas para que encajen, pero esta vez estoy de otra forma, que no es lo mismo, pero es igual.
Y estoy hecho un puñetero citador de todo, es muy tentador: hay muchos lugares comunes: Territorios de la memoria (guiño). La verdad es que más de diez tópicos (de los buenos) por persona, hoy en día, es todo un privilegio. Entonces, mi regalo será recordarte la magia de nuestra amistad, llena de lugares a los que volveríamos sin dudarlo a fumar las mismas hierbas, a cantar las mismas canciones.
Quiero ver la realidad de saber que el perro es perro y nada más, y estar ahí, ó por lo menos no pensar en lo contrario. En eso, creo poder estar tranquilo; para fraseando al putito de Calamaro: el tiempo y la distancia ya no existen para mi (eso me conviene bastante), y se me ocurre otra! cucha/cucha:
Quiero atravesar el viento sin documento (…) lalalala.
Nunca me sentí tan identificado con este salame. Bueno, por si no te diste cuenta, te extraño amigo y te quiero mucho. Te deseo mucha felicidad/ y canta mucho loco, que esta vez te toca cantar por dos.
Nos vemos en cualquier momento alita de dragón; y como dijo el viejo mono, que alguna vez interpretamos despertando pasiones de todo tipo:
No confundir con Sampán que es un barco de Hong Kong.
Ciao man, hasta la vuelta, y mil gracias por creer tanto en tu amigo. Feliz cumple.
Ladina al teclado escribió,
noviembre 27, 2008 @ 5:56 pm
Maldita droga la de los trios! Siempre que me distraigo un poco, los extraño mucho.
el verdadero tio lucas escribió,
abril 3, 2009 @ 3:13 pm
hola pibe, gracias loquillo, te extraño bocha viejo.
lei esto y lo quiero compartir con voce. me llego buscando pelis de jodorowsky.
ese chabon es hermoso, otro con quien me tomaria unos vinitos ricos.
Concejos de Gurdjieff a su hija.
1. Fija tu atención en ti mismo, sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.
2. Termina siempre lo que comenzaste.
3. Haz lo que estás haciendo lo mejor posible.
4. No te encadenes a nada que a la larga te destruya.
5. Desarrolla tu generosidad sin testigos.
6. Trata a cada persona como si fuera un pariente cercano.
7. Ordena lo que has desordenado.
8. Aprende a recibir, agradece cada don.
9. Cesa de autodefinirte.
10. No mientas ni robes, si lo haces te mientes y te robas a ti mismo.
11. Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.
12. No desees ser imitado.
13. Haz planes de trabajo y cumplelos.
14. No ocupes demasiado espacio.
15. No hagas ruidos ni gestos innecesarios.
16. Si no la tienes, imita la fe.
17. No te dejes impresionar por personalidades fuertes.
18. No te apropies de nada ni de nadie.
19. Reparte equitativamente.
20. No seduzcas.
21. Come y duerme lo estrictamente necesario.
22. No hables de tus problemas personales.
23. No emitas juicios ni criticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.
24. No establezcas amistades inútiles.
25. No sigas modas.
26. No te vendas.
27. Respeta los contratos que has firmado.
28. Sé puntual.
29. No envidies los bienes o los éxitos del prójimo.
30. Habla sólo lo necesario.
31. No pienses en los beneficios que te va a procurar tu obra.
32. Nunca amenaces.
33. Realiza tus promesas.
34. En una discusión ponte en el lugar del otro.
35. Admite que alguien te supere.
36. No elimines, sino transforma.
37. Vence tus miedos, cada uno de ellos es un deseo que se camufla.
38. Ayuda al otro a ayudarse a si mismo.
39. Vence tus antipatías y acercate a las personas que deseas rechazar.
40. No actues por reacción a lo que digan bueno o malo de ti.
41. Transforma tu orgullo en dignidad.
42. Transforma tu cólera en creatividad.
43. Transforma tu avaricia en respeto por la belleza.
44. Transforma tu envidia en admiración por los valores del otro.
45. Transforma tu odio en caridad.
46. No te alabes ni te insultes.
47. Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera.
48. No te quejes.
49. Desarrolla tu imaginación.
50. No des órdenes sólo por el placer de ser obedecido.
51. Paga los servicios que te dan.
52. No hagas propaganda de tus obras o ideas.
53. No trates de despertar en los otros emociones hacia ti como piedad, admiración, simpatía, complicidad.
54. No trates de distinguirte por tu apariencia.
55. Nunca contradigas, sólo calla.
56. No contraigas deudas, adquiere y paga en seguida.
57. Si ofendes a alguien, pidele perdón.
58. Si lo has ofendido públicamente, excusate en público.
59. Si te das cuenta de que has dicho algo erróneo, no insistas por orgullo en ese error y desiste de inmediato de tus propósitos.
60. No defiendas tus ideas antiguas sólo por el hecho de que fuiste tú quien las enunció.
61. No conserves objetos inútiles.
62. No te adornes con ideas ajenas.
63. No te fotografíes junto a personajes famosos.
64. No rindas cuentas a nadie, sé tu propio juez.
65. Nunca te definas por lo que posees.
66. Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar.
67. Acepta que nada es tuyo.
68. Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di sólo sus cualidades.
69. Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal considéralo tu maestro.
70. No mires con disimulo, mira fijamente.
71. No olvides a tus muertos, pero dales un sitio limitado que les impida invadir toda tu vida.
72. En el lugar en que habites consagra siempre un sitio a lo sagrado.
73. Cuando realices un servicio no resaltes tus esfuerzos.
74. Si decides trabajar para los otros, hazlo con placer.
75. Si dudas entre hacer y no hacer, arriésgate y haz.
76. No trates de ser todo para tu pareja; admite que busque en otros lo que tú no puedes darle.
77. Cuando alguien tenga su público, no acudas para contradecirlo y robarle la audiencia.
78. Vive de un dinero ganado por ti mismo.
79. No te jactes de aventuras amorosas.
80. No te vanaglories de tus debilidades.
81. Nunca visites a alguien sólo por llenar tu tiempo.
82. Obtén para repartir.
83. Si estás meditando y llega un diablo, pon ese diablo a meditar…
sabine escribió,
junio 23, 2009 @ 10:10 am
sabine escribió,
agosto 27, 2009 @ 9:35 am
tus palabras son las mas lindas he escuchado en mi vida
Qué droga la gente linda, No??—–pero a partir de algunas dias yo no me siento linda.
Anónimo escribió,
diciembre 13, 2009 @ 1:47 am
otra vez estoy dentro tu pagina a oler tu aroma
litchy escribió,
mayo 1, 2010 @ 12:47 pm
bueno pina, si entras a oler estas palabras, sabras que te echo de menos. Te abrazo muy fuerte..